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JOSÉ ALDAOLEA ABAITUA (Eibar, Guipúzcoa, España)

http://goo.gl/maps/2A8p (Se desconoce fecha de su muerte)
JOSÉ ALDAOLEA ABAITUA Eibar Guipúzcoa Gipuzkoa España ETA
A las tres y media de la tarde del 18 de diciembre de 1988 la banda terrorista ETA hacía explotar un potente coche-bomba al paso de un convoy policial que se dirigía al campo de fútbol de Ipurúa, en Éibar (Guipúzcoa), para prestar el servicio de vigilancia habitual en días de espectáculos deportivos, en este caso el encuentro de Segunda División entre el Éibar y el Sabadell. Los policías nacionales pertenecían a la Compañía de la Reserva General con base en Logroño. Hacia las 15:20 horas, cuando quedaban dos para que se iniciase el partido, uno de los terroristas accionó el mando a distancia que provocó la explosión del coche-bomba. La deflagración alcanzó de lleno al último de los coches que formaban el convoy –cuatro furgonetas Avia con veinte agentes a bordo–. Como consecuencia de la misma resultó gravemente herido el policía nacional JOSÉ ANTONIO BARRADO RECIO. Fue sacado aún con vida del amasijo de hierros en que quedó convertido el furgón policial pero falleció mientras era trasladado a un centro sanitario de la propia localidad.

También resultó gravemente herido el sacristán de la parroquia de Arrate, JOSÉ ALDAOLEA ABAITUA, que fallecería con posterioridad a la sentencia por la que se condenó a los autores del atentado, dictada en diciembre de 1990, en la que figura como uno de los asesinatos frustrados, según se recoge en Vidas rotas (Alonso, R., Florencio Domínguez, F., y García Rey, M., Espasa 2010, pág. 701). Sin embargo, Aldaolea Abaitua sí figura como víctima mortal en el listado del Ministerio del Interior, con fecha 18 de diciembre de 1988 junto al agente Barrado Recio. Incluso es confuso cuál fue el motivo de las heridas del sacristán de Éibar, pues en algunos medios de comunicación se hicieron eco de que fue víctima del tiroteo posterior al atentado entre los policías de los demás furgones del convoy y los terroristas. 

José Aldaolea Abaitua, de 77 años en el momento del atentado, era el sacristán de la parroquia del barrio eibarrés de Arrate. No hay constancia de cuándo murió y si su muerte fue consecuencia de las secuelas que le provocaron las heridas sufridas en el atentado. Figura como víctima de ETA en el listado del Ministerio del Interior. Además, fue una de las personas homenajeadas como víctima del terrorismo en Éibar el 21 de diciembre de 2008.

JOSÉ ANTONIO BARRADO RECIO (Eibar, Guipúzcoa, España)

http://goo.gl/maps/2A8p
JOSÉ ANTONIO BARRADO RECIO Eibar Guipúzcoa Gipuzkoa ETA España
A las tres y media de la tarde del 18 de diciembre de 1988 la banda terrorista ETA hacía explotar un potente coche-bomba al paso de un convoy policial que se dirigía al campo de fútbol de Ipurúa, en Éibar (Guipúzcoa), para prestar el servicio de vigilancia habitual en días de espectáculos deportivos, en este caso el encuentro de Segunda División entre el Éibar y el Sabadell. Los policías nacionales pertenecían a la Compañía de la Reserva General con base en Logroño. Hacia las 15:20 horas, cuando quedaban dos para que se iniciase el partido, uno de los terroristas accionó el mando a distancia que provocó la explosión del coche-bomba. La deflagración alcanzó de lleno al último de los coches que formaban el convoy –cuatro furgonetas Avia con veinte agentes a bordo–. Como consecuencia de la misma resultó gravemente herido el policía nacional JOSÉ ANTONIO BARRADO RECIO. Fue sacado aún con vida del amasijo de hierros en que quedó convertido el furgón policial pero falleció mientras era trasladado a un centro sanitario de la propia localidad.

José Antonio Barrado Recio, cabo de la Policía Nacional de 30 años, era natural de Madroñera (Cáceres). Estaba casado y tenía tres hijos. La capilla ardiente con sus restos mortales quedó instalada la misma tarde del atentado en el Salón del Trono del Gobierno Civil de Guipúzcoa y el funeral por su alma se celebró al día siguiente en la parroquia de la Sagrada Familia de San Sebastián. Al funeral asistieron el ministro de Interior, José Luis Corcuera, el director general de la Policía, José María Rodríguez Colorado, representantes del departamento de Interior del Gobierno vasco y familiares de la víctima. El féretro con los restos mortales del policía nacional fue trasladado a hombros por sus compañeros en un trayecto de poco más de cien metros, seguido por la viuda, visiblemente afectada y que no pudo ocultar las lágrimas durante toda la ceremonia religiosa. José Antonio Barrado fue enterrado en el cementerio de Alcalá de Henares (Madrid). 

JOSÉ LUIS GÓMEZ SOLÍS (Placencia de las Armas, Guipúzcoa, España)

http://goo.gl/maps/5CXkJOSÉ LUIS GÓMEZ SOLÍS ETA, Soraluce, Placencia de las Armas, Guipúzcoa, Gipuzkoa, España, 11/12/87
El mismo día 11 de diciembre de 1987, pasadas las 23:00 horas, mientras las imágenes de la casa cuartel de Zaragoza ocupaban los informativos, la banda terrorista ETA asesinaba en la localidad guipuzcoana de Placencia de las Armas al sargento de Intervención de la Guardia Civil JOSÉ LUIS GÓMEZ SOLÍS acribillándolo a tiros en presencia de su esposa. Horas antes, ETA hería gravemente en Basauri (Vizcaya) al policía de la escala básica Rafael Ribas, de 29 años, mediante una carta-bomba que le provocó amputaciones de varios dedos y heridas por incrustación de metralla en la cara y los ojos.
Consternados aún por el terrible atentado cometido por ETA en Zaragoza, José Luis Gómez y su esposa decidieron salir a tomar algo con algunos de sus amigos de Placencia que, a lo largo del día, le habían llamado para darle muestras de apoyo y afecto y para condenar el atentado contra la casa cuartel y sus habitantes (La negociación de ETA que sí funcionó, José Ramón Goñi Tirapu, Espasa Calpe 2005, citado en Vidas Rotas). José Luis Gómez y su esposa abandonaron el Bar Gila poco después, sobre la medianoche, y se dirigieron juntos a su coche, un Talbot Solara aparcado en el puente de Gila, sobre el río Deba. Según declararon testigos presenciales, el sargento montó primero y, en el momento en que se disponía a abrir la puerta derecha, tres miembros de ETA arrojaron a la mujer al suelo y dispararon sus armas contra él, que falleció en el acto al ser alcanzado por catorce impactos de bala, varios de ellos en la cabeza. Las Fuerzas de Seguridad recogieron al menos diez casquillos de bala en el lugar de los hechos.

JUAN JOSÉ PACHECO CANO (Legazpia, Guipúzcoa, España)

http://g.co/maps/vvfa3
JUAN JOSÉ PACHECO CANO ETA, Legazpia, Guipúzcoa, Gipuzkoa, España, 16/10/88
Hacia las cuatro de la madrugada del 16 de octubre de 1988 la explosión de un artefacto colocado por la banda terrorista ETA para sabotear la línea férrea Madrid-Irún, pero con el objetivo evidente de asesinar a los artificieros de las Fuerzas de Seguridad que acudiesen a desactivarlos, acabó con la vida del ertzaina JUAN JOSÉ PACHECO CANO. Es cierto que la banda asesina suponía que serían artificieros de la Guardia Civil los que acudirían a inspeccionar las vías férreas, tras sendas llamadas a la asociación de ayuda en carretera Detente y Ayuda (DYA) y a Renfe, como relató José Ramón Goñi Tirapu, entonces gobernador civil de Guipúzcoa:
[El Comando Goierri de ETA] recibió una carta con instrucciones precisas para colocar cuatro bombas en la vía férrea Irún-Madrid; una de ellas escondía una trampa para asesinar al artificiero de la Guardia Civil que, presumían, acudiría a desactivarlas. Ya de paso pretendían paralizar la circulación de trenes durante una semana (El confidente: la negociación con ETA que sí funcionó, Espasa-Calpe, 2005).
La bomba trampa fue ideada por el terrorista Juan Carlos Balerdi Iturralde, añade Goñi Tirapu en el libro.
Lo cierto es que miembros de la banda terrorista ETA colocaron cuatro artefactos explosivos en el interior de dos túneles, en el término municipal de Legazpia, de la vía del tren Madrid-Irún. Una vez colocados, hicieron dos llamadas de aviso a DYA y a Renfe y varios agentes de la Policía Autonómica se desplazaron hasta las vías. Cuando se encontraban inspeccionando el túnel, hicieron explosión dos de los artefactos, provocando la muerte de Juan José Pacheco y heridas leves a otros tres agentes de la Ertzaintza. Las dos explosiones, que se produjeron a las 3:50 y a las 4:11 horas, causaron graves daños en la vía y obligaron a suspender la mayor parte del tráfico ferroviario. La primera explosión no causó daños personales, mientras que la segunda alcanzó de lleno al ertzaina y a sus tres compañeros.