Hacia las cuatro de la madrugada del 16 de octubre de 1988 la explosión de un artefacto colocado por la banda terrorista ETA para sabotear la línea férrea Madrid-Irún, pero con el objetivo evidente de asesinar a los artificieros de las Fuerzas de Seguridad que acudiesen a desactivarlos, acabó con la vida del ertzaina JUAN JOSÉ PACHECO CANO. Es cierto que la banda asesina suponía que serían artificieros de la Guardia Civil los que acudirían a inspeccionar las vías férreas, tras sendas llamadas a la asociación de ayuda en carretera Detente y Ayuda (DYA) y a Renfe, como relató José Ramón Goñi Tirapu, entonces gobernador civil de Guipúzcoa:
[El Comando Goierri de ETA] recibió una carta con instrucciones precisas para colocar cuatro bombas en la vía férrea Irún-Madrid; una de ellas escondía una trampa para asesinar al artificiero de la Guardia Civil que, presumían, acudiría a desactivarlas. Ya de paso pretendían paralizar la circulación de trenes durante una semana (El confidente: la negociación con ETA que sí funcionó, Espasa-Calpe, 2005).
La bomba trampa fue ideada por el terrorista Juan Carlos Balerdi Iturralde, añade Goñi Tirapu en el libro.
Lo cierto es que miembros de la banda terrorista ETA colocaron cuatro artefactos explosivos en el interior de dos túneles, en el término municipal de Legazpia, de la vía del tren Madrid-Irún. Una vez colocados, hicieron dos llamadas de aviso a DYA y a Renfe y varios agentes de la Policía Autonómica se desplazaron hasta las vías. Cuando se encontraban inspeccionando el túnel, hicieron explosión dos de los artefactos, provocando la muerte de Juan José Pacheco y heridas leves a otros tres agentes de la Ertzaintza. Las dos explosiones, que se produjeron a las 3:50 y a las 4:11 horas, causaron graves daños en la vía y obligaron a suspender la mayor parte del tráfico ferroviario. La primera explosión no causó daños personales, mientras que la segunda alcanzó de lleno al ertzaina y a sus tres compañeros.
