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MIGUEL ÁNGEL BLANCO GARRIDO (Lasarte, Guipúzcoa, España)

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MIGUEL ÁNGEL BLANCO GARRIDO ETA Lasarte Guipúzcoa Gipuzkoa España Spain 12/07/97

Al mediodía del viernes 10 de julio de 1997, la banda terrorista ETA secuestraba en la estación guipuzcoana de Éibar al concejal del Partido Popular en esa localidad, MIGUEL ÁNGEL BLANCO GARRIDO, e imponía un plazo de 48 horas al Gobierno para que trasladara al País Vasco a los presos de ETA, o de lo contrario, lo ejecutarían.
El cruel secuestro, con un ultimátum materialmente imposible de cumplir en el plazo dado por los asesinos y torturadores de la banda terrorista ETA, recuerda mucho al secuestro y asesinato del ingeniero José María Ryan, otra crónica de una muerte anunciada. Lo que hizo ETA con Miguel Ángel fue matarle despacio, y la sociedad, horrorizada, lo vivió como "un asesinato a cámara lenta", como lo describió José Luis Barbería en el décimo aniversario de su muerte en un artículo titulado "El día que todos fuimos Miguel Ángel Blanco" (El País, 08/07/2007).
El calvario y la agonía del concejal desencadenaron impresionantes muestras de solidaridad con él y con su familia y provocaron una auténtica catarsis social. En el caso de Miguel Ángel, la conmoción que produjo el ultimátum dado al Gobierno de Aznar fue aún mayor, si cabe, pues la sociedad española estaba todavía en estado de shock por las terribles imágenes de dolor y sufrimiento del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, recién liberado por la Guardia Civil, imágenes que recordaban a las que todos hemos visto de las víctimas de los campos de concentración nazis. La liberación de Ortega Lara se había producido diez días antes, el 30 de junio de 1997, tras 532 días secuestrado en un cuartucho inmundo y minúsculo, lleno de humedad, un "ataúd viviente". La tortura a la que fue sometido desde el 17 de enero de 1996 fue tan insoportable que Ortega Lara reconocería, tras su liberación, que se había puesto como fecha tope para quitarse la vida el 5 de julio. Al ver esas imágenes de un Ortega Lara cadavérico, Miguel Ángel le había comentado a su madre, pocos días antes de su propio secuestro: "Amatxo, si a mí me pasara algo así, yo preferiría que me mataran".
El calvario se inició cuando el joven concejal volvía al trabajo después de comer en casa de sus padres. A las 15:20 horas tomó el tren en dirección a Éibar, donde estaba la empresa Eman Consulting en la que prestaba sus servicios como licenciado en Ciencias Empresariales. Nada más salir de la estación fue abordado por la terrorista Irantzu Gallastegi Sodupe, que le condujo hasta un vehículo de color oscuro estacionado en las proximidades, donde se encontraban otros dos terroristas: Francisco Javier García Gaztelu y José Luis Geresta Mujika. Tres horas después, la emisora Egin Irratia comunicaba que Miguel Ángel sería asesinado si el Gobierno no trasladaba a los presos de ETA a cárceles del País Vasco antes de las 16:00 horas del sábado 12 de julio. Semejante chantaje no sólo era imposible de cumplir materialmente, como hemos señalado, sino que era absolutamente inasumible por un Estado democrático.
Este ultimátum provocó la mayor reacción ciudadana que jamás se había conocido en España en contra de ETA y a favor de la libertad de una persona secuestrada. En esas cuarenta y ocho terribles horas se calcula que unos seis millones de personas en todo el país salieron a la calle para pedir la libertad de Miguel Ángel. En total se celebraron más de 1.500 convocatorias de actos públicos improvisados y en el País Vasco se llevaron a cabo 30 movilizaciones. Las contramanifestaciones convocadas por Herri Batasuna fueron ridículas: cincuenta personas en Vitoria, y poco más de un centenar en Guipúzcoa y en Bilbao.
La tensión y la rabia se desbordaron a partir del segundo día de secuestro y, por primera vez, los simpatizantes de ETA tuvieron que ser protegidos de personas que, al mismo tiempo que pedían la liberación de Miguel Ángel, se lanzaron a atacar las sedes de Herri Batasuna al grito de "¡asesinos, sin pistolas no sois nada!". El propio alcalde de Ermua por el PSE-EE, Carlos Totorica, evitó extintor en mano el incendio de la sede de Batasuna en su municipio. También pudimos ver imágenes de miembros de la Ertzaintza protegiendo a los proetarras, mientras los manifestantes les gritaban "No les protejáis, que luego os matarán". Algunos ertzainas se despojaron de los pasamontañas con los que protegían su identidad, dando a entender que estaban con aquellos que desafiaban a los terroristas y a quienes les apoyaban. La madrugada del sábado fue una plegaria continua de decenas de miles de españoles que estuvieron toda la noche implorando a la banda asesina que no asesinara a Miguel Ángel.
Pero todo fue inútil. Cincuenta minutos después de agotarse el plazo del ultimátum planteado al Gobierno por la banda de alimañas, el sábado 12 de julio a las 16:50 horas, ETA cumplía puntualmente su palabra, consumándose la tragedia. En un descampado situado entre el Hotel Chartel y el barrio de Cocheras del municipio de Lasarte (Guipúzcoa) Francisco Javier García Gaztelu efectuó dos disparos con una Beretta del calibre 22 en la cabeza del concejal del PP, forzado a ponerse de rodillas, con las manos atadas en la espalda y sujeto por José Luis Geresta Mujika, de forma que Miguel Ángel no pudiera moverse y el asesino pudiese llevar a cabotranquilamente la hazaña de acabar con la vida de un chico normal, un joven desarmado e indefenso. Un acto cobarde que contrasta con la valentía de la que dio muestras Miguel Ángel en su corta trayectoria política. Carlos Totorica, alcalde de Ermua, dijo de él que "nunca se callaba" y "que había presenciado réplicas de Miguel Ángel a concejales de HB como nunca antes había visto a nadie". Uno de ellos, precisamente del Ayuntamiento de Éibar, fue quien facilitó la información necesaria para que lo mataran. Se trata del concejal Ibon Muñoa Arizmendarreta.
El edil popular fue encontrado poco después por dos personas que paseaban con sus perros, maniatado, gravemente herido y con un hilo de vida. Los dos vecinos, que reconocieron de inmediato a Miguel Ángel, avisaron inmediatamente a los servicios asistenciales, que acudieron al lugar en escasos minutos. Una ambulancia de la DYA ofreció los primeros auxilios a Miguel Ángel en el lugar en el que fue encontrado, para trasladarlo inmediatamente a una UVI móvil del Servicio Vasco de Salud, y de ahí al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu de la capital guipuzcoana. Tras un primer examen del herido, los médicos del hospital le practicaron un escáner para conocer el lugar exacto en el que se alojaban las balas, ya que ambas heridas presentaban orificio de entrada, pero no de salida. La situación de los proyectiles dentro de la cabeza del concejal desaconsejó a los facultativos la intervención quirúrgica. A última hora del día los médicos se mostraron sumamente pesimistas sobre el futuro de Blanco Garrido, que se encontraba en estado de "coma neurológico profundo".
A las 18:00 horas, la madre, la hermana, la novia y la portavoz de la familia Blanco abandonaron su domicilio familiar en Ermua para dirigirse al hospital, una vez que contaron con la confirmación del Ministerio del Interior de que la persona que había sido encontrada malherida en Lasarte era Miguel Ángel. Su llegada al centro hospitalario fue recibida por un grupo de personas que aguardaban tras el cordón policial con una fuerte ovación de apoyo.
Mientras la atención se centraba en el hospital, las fuerzas de seguridad rastreaban las inmediaciones del barrio de Oztaran de Lasarte en busca de alguna pista que pudiera conducir hasta los autores del atentado. Tras el hallazgo del cuerpo, un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA avisó de la colocación de un coche-bomba en las inmediaciones de Lasarte-Oria. Los tres cuerpos de seguridad -Ertzaintza, Guardia Civil y Policía Nacional- acordonaron y rastrearon los alrededores en busca de un Seat Toledo azul, en el que, según algunos testigos, podrían haber huido los terroristas. Sin embargo, la búsqueda resultó infructuosa, por lo que fuentes del Departamento vasco de Interior consideraron que el falso aviso pretendía aportar pistas erróneas a la investigación, posiblemente porque Miguel Ángel Blanco fue hallado antes de lo que los terroristas preveían.
Antes de la medianoche del 12 de julio se daba el parte médico de que Miguel Ángel acababa de morir.