A las ocho y diez de la mañana del 24 de mayo de 1989 la banda terrorista ETA asesinaba en Bilbao, mediante la explosión de un coche-bomba, a los policías nacionales JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ GARCÍA y MANUEL JÓDAR CABRERA, y al ertzaina LUIS HORTELANO GARCÍA.
Los agentes fallecidos estaban adscritos a los grupos de especialistas en desactivación de explosivos de sus respectivos cuerpos. Los tres policías saltaron en pedazos al estallar un bidón con veinte kilos de amonal, cuarenta de metralla y un multiplicador de pentrita colocado en el maletero de un taxi robado. Los cuerpos quedaron reducidos a fragmentos, y los restos esparcidos a varias decenas de metros a la redonda. El fragmento humano mayor que pudo recogerse era del tamaño de un libro. Otras once personas –cuatro policías, un bombero y seis civiles- resultaron heridos de diversa gravedad.
Los agentes fallecidos estaban adscritos a los grupos de especialistas en desactivación de explosivos de sus respectivos cuerpos. Los tres policías saltaron en pedazos al estallar un bidón con veinte kilos de amonal, cuarenta de metralla y un multiplicador de pentrita colocado en el maletero de un taxi robado. Los cuerpos quedaron reducidos a fragmentos, y los restos esparcidos a varias decenas de metros a la redonda. El fragmento humano mayor que pudo recogerse era del tamaño de un libro. Otras once personas –cuatro policías, un bombero y seis civiles- resultaron heridos de diversa gravedad.
José María Sánchez García era de Galinduste (Salamanca) donde veraneaba con su familia y donde fue enterrado. De 34 años, estaba casado con Ana María Lerena, con la que tenía, igual que sus dos compañeros, dos hijos: una niña de 5 y un niño de 4. Había ingresado en el Cuerpo Nacional de Policía en 1981.
El atentado fue cuidadosamente preparado por la organización terrorista para dificultar la desactivación del coche bomba y garantizar que se produjesen víctimas. Primero, y para atraer a las Fuerzas de Seguridad del Estado, colocaron un artefacto explosivo de escasa potencia cerca de un concesionario de Peugeot en el barrio bilbaíno de Zorroza. A la vez, dejaron estacionado cerca un taxi cargado con explosivos. Cuando estalló el primer artefacto, llegaron al lugar varios miembros de los equipos de desactivación de explosivos de la Policía Nacional y de la Ertzaintza. Tras inspeccionar los alrededores, repararon en el taxi, cuya desaparición había sido denunciada por su propietario después de que dos terroristas lo robaran a punta de pistola la noche anterior.
El atentado fue cuidadosamente preparado por la organización terrorista para dificultar la desactivación del coche bomba y garantizar que se produjesen víctimas. Primero, y para atraer a las Fuerzas de Seguridad del Estado, colocaron un artefacto explosivo de escasa potencia cerca de un concesionario de Peugeot en el barrio bilbaíno de Zorroza. A la vez, dejaron estacionado cerca un taxi cargado con explosivos. Cuando estalló el primer artefacto, llegaron al lugar varios miembros de los equipos de desactivación de explosivos de la Policía Nacional y de la Ertzaintza. Tras inspeccionar los alrededores, repararon en el taxi, cuya desaparición había sido denunciada por su propietario después de que dos terroristas lo robaran a punta de pistola la noche anterior.