http://g.co/maps/fmnmx
En torno a las 21:40 horas del 30 de mayo de 1985, un niño de 13 años, ALFREDO AGUIRRE BELASCOÁIN, y el policía nacional FRANCISCO MIGUEL SÁNCHEZ, son asesinados en Pamplona al hacer explosión un artefacto preparado contra la Policía Nacional. En el mismo atentado también sufrieron heridas de gravedad otros tres policías nacionales: Manuel Tello Barranco, Alfonso Quintá Expósito y Manuel Barrigas Villar.
Poco antes de las nueve y media de la noche se recibió una llamada de auxilio en el 091 de Pamplona para que fuesen cuanto antes al número 16 de la Bajada de Javier, como se conoce en Pamplona a la calle Bajada de San Francisco Javier. Al parecer, y según esa llamada, un drogadicto estaba pegando a su madre. El comunicante urgió a que fuesen cuanto antes, porque la iba a matar. Cuando llegaron los dos coches zeta de la Policía Nacional al casco viejo, hizo explosión una bomba colocada en una bolsa de basura junto a una farmacia.
Alfredo Aguirre Belascoáin tenía 13 años y era hijo de un empleado de banca, Luis Aguirre, y de María del Carmen Belascoáin Tabar. Nacido en Pamplona, Alfredo era el segundo de dos hermanos, un niño rubio y de complexión deportista. Estudiaba séptimo de EGB en los Jesuitas de Pamplona y, aunque no era buen estudiante, sí destacaba en los deportes. Entre otros, practicaba el piragüismo en el Club Natación Pamplona, donde le auguraron un gran futuro. El mismo día de su asesinato estuvo practicando en el río Arga. Su entrenador, Juan Ramón Itoiz, manifestó que tenía mucho nervio y una gran afición por el piragüismo. "Era una de nuestras promesas". A Alfredo le apodaban Godo, y era un chaval muy querido por todos sus compañeros. En la pizarra del colegio sus compañeros escribieron "Godo, no te olvidaremos nunca". En el funeral su féretro fue portado por los piragüistas del Club Natación Pamplona. Antes de enterrarlo, sus amigos colocaron sobre el ataúd el remo con el que habitualmente entrenaba. Su madre sigue sin haber superado el asesinato de Alfredo, del que se acuerda todos los días. "Esto que nos pasó a nosotros es una angustia para toda la vida. Dice la gente que han pasado 25 años. Para mí no ha pasado nada. Días" dijo en El Diario de Navarra, donde describió como era su niño: "¿Cómo era? Pues no es que yo lo diga, lo decía todo el mundo, todo el barrio lo decía igual. De otros se dice después lo buenos que eran, cuando han muerto, pero de éste me lo decían todos en vida. Todos. Tenía un don de gentes... Impresionante, saludando a todo el mundo, siempre contento, siempre cantando. Llegaba a casa y me decía: ‘Mamá, enséñame a bailar’ y se ponía a bailar conmigo. Un besucón, un cariñoso, un fuera de serie... Que se ve que no era para este mundo y así se me fue... Me han chafado la vida entera, entera...".